José Ortega
El hombre tiende con todas sus fuerzas a la verdad. La verdad es una dimensión esencial del hombre. Como decía Cicerón: “En nuestra mente reside un anhelo insaciable de verdad”. El fundamento de la verdad hay que buscarlo en su fuente: Dios, la Suma Verdad según Santa Teresa. Cada verdad del mundo es un reflejo de la verdad de Dios.
En una de las páginas más bellas de sus Confesiones, San Agustín reconoce haber hallado la verdad solamente en Dios, la verdad en persona, que él ya no olvidará jamás, porque permanece perenne en su memoria.
«Donde he hallado la verdad, allí he hallado a mi Dios, la verdad en persona; y no he olvidado la verdad desde el día en que la conocí. Por eso, desde el día en que te conocí, permaneces en mi memoria, y allí te encuentro cada vez que te recuerdo y me deleito en ti».
1.La verdad en Dios y en Cristo
Cristo es presentado como la verdad (Jn 14,6). También el Espíritu Santo es llamado «Espíritu de la verdad». La verdad es tan esencial a Dios, que sin ella no se concibe la vida divina.
2.La verdad y la vida humana
El hombre ha desencadenado una conjura contra la verdad en todos los estratos sociales. La verdad molesta a los hombres porque nos enfrenta con nuestra realidad personal, social y espiritual.
3.María, modelo del andar en verdad
La santidad sencilla, escondida y natural de María; su amor y comprensión por los demás, constituyen una expresión profunda de la verdad. Nadie como ella sufrió por la verdad, porque llevó en sus entrañas a Cristo, la Verdad hecha carne.
Pablo VI, en Marialis Cultus, enseña que la santidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar sus ojos a María, modelo de virtud para toda la comunidad cristiana.
4.Humildad y verdad
María es la mejor garantía de caminar en la verdad. Esto exige reconocer con sencillez los dones recibidos de Dios y admitir nuestras limitaciones, defectos y miserias.
El fruto de este andar en verdad es la humildad. Santa Teresa enseñaba que «la humildad es andar en verdad», porque Dios es la Suma Verdad.
Sin humildad, Dios no realiza plenamente su obra en nosotros. La humildad implica aceptación, agradecimiento, alabanza y reconocimiento sincero de nuestra dependencia de Dios.
5.Conclusión
La humildad de María consistía en vivir plenamente en la verdad. Su ejemplo invita a los creyentes a caminar con sinceridad, confianza y amor, reconociendo tanto la gracia de Dios como la propia realidad humana.



